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Hijo, el Hambre, cara de mueca,
en remolino gira las parvas,
y se buscan y no se encuentran
el Pan y el hambre corcovada.
Para que lo halle, si ahora entra,
el Pan dejemos hasta mañana;
el fuego ardiendo marque la puerta,
que el indio qechua nunca cerraba,
¡y miremos comer al Hambre,
para dormir con cuerpo y alma!
Extraordinaria pintura e impresionante fragmento......
ResponderEliminarEnhorabuena!!
Grácias, Elizabeth, por compartir tanto de ti entre nosotros...
Cesc
Las dos últimas obras por sobre la técnica, impecable, tiene ese plus de fuerza, dramatismo y denuncia que impone un ser humano comprometido Jose
ResponderEliminarJosé María | joseodeimar@yahoo.com.ar